Ayer me compré una bicicleta. ¡Y es algo fantástico! Puedo utilizarla tanto en la ciudad como en el campo. ¡Y en cualquier mes del año! Puedo darme paseos y, si algún día me hace falta, puedo repartir periódicos y sacarme unos durillos. Mi bici no traía luces, pero no es problema: le he puesto una dinamo y una buena luz, incluso lo he hecho yo mismo: ¡ahorras y aprendes al mismo tiempo! Además la hemos pagado a medias entre mi compañera y yo. No es ningún problema compartirla. Pero quizá algún día nos cansemos y queramos librarnos de ella. Podremos venderla de segunda mano. O se la regalaremos a alguien que la vaya a usar.
Luego en casa me he dado cuenta de que el programa usa una letra muy pequeña y no veo bien las cosas. Se lo he llevado a un primo mío informático a ver si me lo podía arreglar, pero me ha dicho que no puede, que es ilegal. Ya no quiero el programa (estoy muy enfadado) pero no puedo venderlo ni regalárselo a nadie: también está prohibido.
Tomado de: http://www.diagonalperiodico.net/article4845.html